Caminando por Europa

Hace ya varias semanas regresé del viaje más interesante de mi vida. Mi esposo y yo, después de mucho ahorro y planificación, fuimos a Europa. Y si bien las películas románticas nos dicen que la luna de miel es un picnic en el Campo de Marte de París o un paseo en góndola en Venecia, el wacho y yo decidimos ir conocer el lado fiestero de otras ciudades.

Así que aquí van los 3 mayores aprendizajes de esa increíble aventura:

  • Ámsterdam es unión. Si bien los holandeses están cansados del turismo, los más de 17 millones de visitantes anuales quedamos fascinados con la ciudad. No hay nada mejor que tomar una cerveza en las mesas que están afuera de los bares, observando cómo la vida pasa a tu alrededor. Uno de esos días, cerca de la calle Martelaarsgracht, junto a nosotros estaban un hombre de alrededor de 40 años, fumando solo. Pocos minutos después, otro hombre de edad avanzada llegó a su mesa, se presentó, le preguntó si podía sentarse y a partir de ese momento, conversaron por largo rato como si fueran amigos de toda la vida. Después, un grupo de jóvenes llegó a la mesa de junto, se presentaron, platicaron un poco y el hombre de 40 se levantó de la mesa, regresando a los pocos minutos con una guitarra. Y fue así como un grupo de 6 desconocidos empezaron a cantar juntos Wonderwall de Oasis. Lástima que duró muy poco. Un lugareño les pidió rotundamente que dejaran de hacer ruido porque como les dije, los holandeses están cansados del turismo.
  • La cerveza une almas. En Praga, por la tarde, hicimos un tour de cervezas con la empresa Sandemans; ahí conocimos gente de Argentina, España y China (sí, la chica de China tomó el tour en español). Lo único que teníamos en común, al inicio, era el idioma, el tour y el amor por la cerveza. Al final del recorrido, decidimos seguir juntos en un bar más, donde conectamos no solo por redes sociales sino compartiendo experiencias y opiniones, con la esperanza de volvernos a encontrar un día en cualquier otra parte del mundo.
  • OZORA alimenta el espíritu. ¿22 horas diarias durante 4 días de música electrónica? Sí, esa fue la mejor parte de nuestro viaje. No es solo cómo el psytrance provoca reacciones neurológicas en tu cuerpo... es cómo te vas volviendo parte de un todo, donde toda la gente baila sin pretensiones, donde el corazón vibra no solo por los 145 BPM sino por las miles de sonrisas que se te atravesaban en el camino; donde puedes prestarle tu shampoo a una desconocida con la certeza de que te lo devolverá, donde niños y bebés viven esta experiencia sin prejuicios de sus padres, donde si accidentalmente le tiras la bebida a alguien, recibes una carcajada y un abrazo, donde la vida tomó un nuevo sentido para mí. Sin celular, sin espejo, sin cama y sin agua caliente, esta fue la experiencia más enriquecedora de mi vida.
¡Nos leemos pronto!




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